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Turismo en Ibiza

 

Ibiza

El viajero que ponga la isla ibicenca en su punto de mira no se arrepentirá en cuanto desembarque en sus esculturales costas y calles hechizantes.

Durante los años sesenta y setenta, la isla se convirtió en un puerto de hippies, procedentes de toda Europa, que instauraron su particular forma de vida. De esas liberales colonias todavía quedan vestigios como el mercadillo de Es Canar o el de Las Dalias.

 

De modo que el viajero podrá apreciar esos rasgos de vida colorista y desenfadada deambulando por estos bastiones de resistencia hippie. Sin embargo, estos defensores del “Flower power” han quedado relegados con la llegada de jóvenes más fascinados por la marcha nocturna de Ibiza que por ese halo hippie que todavía exhalan sus paisajes. Así, el trotamundos deseoso de rememorar aquellos tiempos, con banda sonora de Bob Dylan y Joan Báez, deberá poner rumbo al archipiélago balear pues ahí se localiza Ibiza, que recibe, junto con Formentera, el nombre de Islas Pitiusas.

 

Cómo llegar

Ibiza es accesible por mar y por aire. Así, los que se decanten por la vía aérea disponen del aeropuerto de Ibiza, situado a 7 kilómetros de dicha ciudad y 5 Km. de la localidad de San Jorge. Huelga decir que la capital ibicenca recibe un considerable trasiego de vuelos procedentes de aeropuertos peninsulares como Alicante, Valencia, Madrid o Barcelona.

Por lo tanto, el trotamundos dispone de un sinfín de opciones aéreas para emprender su aventura a esta isla balear. Si el viajero prefiere embarcarse en una plácida travesía de varias horas de duración tiene a su disposición diversas navieras como Iscomar, Transmediterránea o Balearia que operan desde los puertos de Valencia, Denia o Barcelona. El turista interesado en la navegación puede recabar información al respecto en la siguiente web: www.iscomar.com

 

Economía

El turismo encarna el bastión económico de la ciudad. Desde hace décadas, Ibiza ha pulido su faceta turística y ha dedicado a este sector sus esfuerzos y abnegación con la proliferación de hoteles, comercios y restaurantes surgidos al amparo de la cartera del generoso viajero. Asimismo, su cercanía y excelente conexión con la península favorecen el turismo de fin de semana y no se circunscribe, por lo tanto, a los períodos estivales.

 

Visitas esenciales

Una vez en este remanso de hippies y cuna de la diversión nocturna, el recién llegado deberá programar sus días y sus noches para que nada quede sin ser vivido o admirado por el viajero y su perenne cámara.

 

La catedral de Ibiza

No sólo interesa su figura, terminó de construirse en 1235, sino que también sus interiores deparan bellos encuentros con la historia como una custodia gótica de plata dorada o dos tablas góticas de Santa Tecla y San Antonio.

 

La ciudad fortificada de Dalt Vila                

La citada fortificación se encuentra incluida en el catálogo de monumentos declarados por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Este reconocimiento no sorprenderá al viajero en cuanto capte la solera de estas murallas jalonadas por entradas como el Portal Nou, que daba acceso a la ciudad vieja de Ibiza.

 

Plaza de la Vila

Si el trotamundos quiere surtir su maleta de recuerdos ibicencos debe recalar en esta plaza donde se venden artesanías de cuero, ropa, cerámica, pañuelos, objetos orientales…
Es el mejor sitio para contentar a familiares y amigos que aguardan ávidamente el regreso del viajero acompañado, por supuesto, del consabido regalo de la isla.

 

Alrededores

Formentera

Cuando el viajero haya fotografiado todos los encantos de Ibiza podrá asaltar la cercana isla de Formentera y proseguir ahí su misión inspectora. Esta isla disemina, a lo largo de sus 90 kilómetros cuadrados, baluartes como el faro de la Mola, cuyos parajes excitaron, aún más, la imaginación de Julio Verne, además del puerto de La Savina, desbordante de casas blancas en el que brillan las aguas de un lago natural llamado S'Estany d'ex Peix. Este largo permite las audacias de los aficionados a los deportes acuáticos.

 

Gastronomía

Una vez aposentado en su mesa, empezará el desfile de suculentos platos que serán la perdición del comensal. Los que traten de ceñirse a su dieta sufrirán ante el sugerente atún a la ibicenca o una “borrida de rajada”. Para orientar al gourmet, desde esta Guía informamos de que este último plato consiste en raya con patatas, huevos, perejil, ajos, y algún ingrediente más que no desentrañamos para no aguar la sorpresa. Además de estos guisos, el turista podrá paladear dulces como orejitas (orelletes), pues guardan similitud con unas orejas, también podrá deleitarse con unos panecitos (panellets). Por supuesto, el comensal ha de amenizar estos bocados con los vinos y licores autóctonos.

 

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